"Fede" tiene siete años. Se levanta todos los días cuando el sol empieza a asomar. A esa hora ya está en pie y listo para entrenar. Para evitar el calor, la actividad se repite cuando el sol comienza a esconderse. Por la noche le toca descansar, aunque no siempre es así. Si algo surge de último momento, le calzan su chaleco con un escudo que dice "Policía de Tucumán" y lo llevan a cumplir con su deber. Sus superiores lo consideran "dominante y avasallador". No se lo pueden decir de frente, pero da la sensación de que "Fede" lo percibe.

Nació en el mismo hogar donde hoy vive, pero para él nunca hubo juegos. Después de pasar por un período de observación que duró algunos meses, inició su entrenamiento y no lo dejó más. Ahora, todos lo respetan: sus pares, sus superiores y la gente que lo ve en la calle. Por cariño le llaman "Fede", pero su nombre completo es Federal. Un nombre digno para un perro policía como él, fuerte y con carácter.

Todas estas virtudes las adquirió en la Sección Perros de la Policía de Tucumán, gracias al adiestramiento diario al que es sometido desde cachorro y también a que fue respetado cuando no tuvo tantas ganas de aprender. "Ellos son como las personas, si hoy no están de humor hay que dejarlos descansar y buscarlos más tarde. Si un ejercicio no se puede hacer hoy, lo dejamos para mañana, acá tenemos todo el tiempo del mundo para educarlos", explica el comisario Ángel Aguilar, a cargo de los 15 perros, de raza ovejero alemán, que integran el grupo.

Antes tenían también otras razas, pero el Ministerio de Seguridad dispuso que sólo se admita una. "Estos perros son más convenientes por el carácter, son los más disciplinados para trabajar y los más acordes para esta tarea debido a su tamaño, altura y presencia, además de que tienen una excelente disposición para el trabajo", explicó el uniformado.

El carácter

Los perros policía de Tucumán están divididos en dos grupos: los de seguridad, a los que suele verse en manifestaciones o a la salida de la cancha, y los de rastreo, que se dedican a buscar personas extraviadas o delincuentes prófugos. Sin embargo, no todos califican para cumplir ambas tareas, sino que depende del carácter y la personalidad. "Los criamos desde cachorros para forjarles el temperamento, porque puede ser fuerte de carácter pero de temperamento débil, entonces los vamos equiparando -dice Aguilar-. Si el carácter es fuerte nos sirve más para guardia y defensa, si es más sumiso y tranquilo requiere otro tipo de entrenamiento y se lo destina al rastreo", detalla. En el caso de "Fede" está afectado a ambas tareas.

"Fede" es el más grande del grupo, y con más experiencia. Participó en varios casos resonantes como la búsqueda de Moisés Martínez o de Beatriz Argañaraz, realizando rastrillajes en los cerros y en El Cadillal.

En la Sección Perros, ubicada en Jujuy 1.450, trabajan cuatro adiestradores, que también son policías. Si el animal demuestra ganas de aprender fuera del horario de entrenamiento, se lo saca del canil y se lo pone en movimiento. El comisario aclara que los adiestramientos son "sin castigos; sólo con juegos y el collar de conducción; sí hay firmeza en el trato para que el perro entienda cada ejercicio que se le va indicando, como que caminen juntos o que avancen hacia determinado punto y vuelvan".

La vida útil del perro dentro de la Fuerza no está determinada por la edad, sino por su estado. "Sirve mientras se mantenga fuerte y sano; hemos llegado a tener perros de hasta 12 o 13 años", recuerda. Una vez que ha cumplido su ciclo, el animal "se jubila" y nunca falta el policía que lo adopta en su hogar.

Mario Bonansea es el veterinario que se ocupa todos los días de controlar a los 15 canes. Para él, la raza no es determinante del desempeño. "Las razas han ido variando; el más típico y noble de todos es el ovejero alemán, pero también hay otros muy buenos, como los labradores que usa la AFIP. El óptimo es el animal, no la raza", afirma. Y señala que lo indispensable es que tengan muy bien desarrollados el olfato y el oído, sus dos armas de trabajo.